¿Cuántos de los siguientes personajes identificas?

a) Matilda

b) Willy Wonka

c) El Súperzorro

d) Jim y el durazno gigante

Si conoces mínimo dos es seguro que sepas quién fue Roald Dahl, para los que no, les tenemos preparada una breve biografía, que más parece una más de sus historias.

Nació en Llandarf, un distrito de Gales (Reino Unido), en 1916. Su padre, de origen noruego, murió cuando Roald tenía sólo tres años. Su infancia no fue nada grata, pues los colegios británicos, caracterizados por su carácter estricto, le propinaban fuertes castigos.

A los 18 años, en vez de estudiar la universidad, se hizo explorador y más tarde, a los 23 años, se enroló en la Fuerza Aérea Real, donde luchó en la Segunda Guerra Mundial y en algunos otros conflictos bélicos en Libia, Grecia y Siria. Llegó a ser derribado en una ocasión, por lo que tuvo que ser enviado a su casa por lo grave de sus heridas.

En 1942 fue enviado a Washington como experto en asuntos de aviación de guerra, dentro del departamento de Seguridad Británica en Estados Unidos. En esos años comenzó su carrera literaria con una colección de relatos titulada “Over to you; 10 stories of flyers and flying” (1946), donde hizo una crónica de los horrores de la guerra.

Escribía en periódicos y en revistas sobre su testimonio bélico, a la par que practicaba lo que se sería su fuerte más tarde: la literatura infantil y juvenil.

Lo que contribuyó en gran parte a su veta como escritor para niños fue el que haya tenido cinco hijos a los cuales necesitaba dormir con historias, que se convirtieron después en cuentos y novelas.

Su primer libro fue “Los Gremlins” (1943), una historia que Disney compró para volverla un largometraje, sin embargo al momento de la pre-producción diversas causas motivaron el abandono de la película.

Tuvieron que pasar alrededor de 20 años para que Dahl consiguiera un éxito considerable, cuando escribió primero “Jim y el durazno gigante” (1961) y posteriormente “Charlie y la fábrica de chocolates” (1964).

Todo lucía bien en su vida, pero una tragedia eclipsó su carrera: la muerte de su hija Olivia de tres años en 1962, víctima de sarampión. Tres años después su esposa, la actriz estadounidense Patricia Neal, estuvo a punto de quedarse inválida y ciega por una enfermedad. Y para terminarla de amolar, otro de sus hijos, Theo de sólo tres años, sufrió un accidente carretero que le causó daños en el cerebro.

Con este panorama, cualquier literato hubiera optado por volverse un escritor obscuro, pero no Dahl, él se fue en la dirección opuesta y escribió, entre otras obras, “El Súperzorro” (1970) –hecho película bajo la dirección de Wes Anderson y con el nombre de “Fantastic Mr. Fox” (2009)–; “Las Brujas” (1983) –también llevada al cine en 1990 y en donde se hace un guiño a “Charlie y la fábrica de chocolates” en la escena inicial donde una bruja ofrece una barra de chocolate a un niño subido a un árbol–, y “Matilda” (1988) –para no perder la costumbre, se hizo versión cinematográfica en 1996–.

De esta forma, convirtió su desdicha familiar en una narrativa llena de imaginación, agudeza y comicidad, en otras palabras, hizo literatura infantil inteligente, la cual tuvo entre sus lectores no sólo a los pequeños, sino que la barrera de la clasificación infantil quedó borrada por el inmenso talento del noruego-británico.

Ya con récords de ventas en esa área, alternó con libros de narrativa para adultos, donde saltó entre varios géneros. Y para aumentar su diversidad de trabajos, también incursionó en el cine por su cuenta, al escribir dos guiones (adaptaciones de novelas de Ian Flemming): “Sólo se vive dos veces” (1967), película de James Bond, y “Chitty chitty bang bang” (1968), un musical.

Dentro de su colección de libros para adultos, destacan “El gran cambiazo” (1974), “Relatos de lo inesperado” (1979) y “Mi tío Oswald” (1979), impregnados de mordacidad, humor negro y picardía, lo que contrasta con el Dahl para niños; pero esta bipolaridad es la que lo vuelve un personaje tan interesante e intrigante.

No importa en cual de todas sus facetas se lea, Roald Dahl no pierde valía en ninguna de sus ramas. Ya sea en un cuento morboso para adultos o en una historia sobre un niño que gana un boleto dorado para entrar a una fábrica de chocolates, el gran genio del escritor británico brilla sobre toda su obra y atrapa a todo un universo de lectores, chicos y grandes.

En 1990, a los 74 años, falleció de una enfermedad de la sangre. Dejó escrita con su vida una historia más que merece ser leída, la cual puede complementarse con muchas lecturas más a través de sus libros, que son muchos y muy buenos.