“También me gustaba leer, pero los escritores no parecían ser personas muy atractivas; hasta que me topé en la escuela con una copia del ‘El extranjero’ de Albert Camus, en el primer año del sexto curso. Había una foto de Albert en la parte posterior: Un brillo gitano proveniente de un puchero malhumorado, con una gabardina larga y delgada y el pelo al estilo James Dean. En la solapa decía que jugaba fútbol –en la portería– para Argel.”

Todo acerca de ese libro resonó en mí. Me ensordeció con sentimientos adolescentes de insensatez.”

Así es como el bajista de Blur, Alex James, recuerda su acercamiento con el ciudadano francés nacido en Argelia. Quien cumpliría cien años de vida este jueves 7 de noviembre.

Murió joven, en un accidente automovilístico, a los 47 años de edad. Alcanzó a recibir en vida el premio Nobel de Literatura en 1957 (fue el primer nacido en territorio africano en ganarlo), sin embargo dejó inconclusos diversos proyectos: una novela autobiográfica (“El primer hombre”, llevaba el manuscrito de la primera parte durante su trágico accidente), trabajos en teatro, cine y televisión, además de una activa militancia para acabar con la lacerante agitación política de su natal Argelia.

Su nombre es sinónimo de existencialismo. El escritor, dramaturgo, filósofo y periodista es, sin duda, uno de los más grandes intelectuales del siglo XX.

Albert Camus

Albert Camus

Pasada la presentación, conviene decir que Camus fue un escritor muy sui géneris. Tan sólo el hecho de ser un deportista lo expulsaba del club de intelectuales recatados y de bajo perfil. Tenía el mismo halo que una estrella de rock o de cine –tal como lo menciona Alex James–, basta ver su famosa sesión de fotos con gabardina obscura y con un cigarro a medio morir.

Tuvo que dejar el futbol a los 17 años debido a la tuberculosis, pero este deporte dejó una honda marca en su vida: “Todo lo que sé acerca de la moral y de las obligaciones del hombre se lo debo al futbol”.

Su obra cumbre, “El extranjero” (1942), ha sacudido la cabeza de millones de personas, especialmente jóvenes desencantados de la vida, en quienes Camus supo inseminarse hasta el día de hoy.

Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzche, Descartes, Spinoza, Bergson, Stendhal, Melville, Dostoievski y Kafka, son algunos de los pensadores que forjaron a Camus. De Nietzche y Schopenhauer proviene mayormente ese pesimismo desafiante y su ateísmo, los cuales son los ejes del existencialismo, movimiento filosófico surgido en el siglo XX que pone a la existencia como el centro de la reflexión.

Cada individuo es responsable de sus actos, está libre de cualquier disposición divina o del destino, como quieran llamarle. Según esto, los seres humanos no somos piezas de ajedrez movidas por una mano gigante, sino jugadores por nosotros mismos.

El existencialismo se ejemplifica en “El extranjero”, donde Camus llevó a la práctica su pensamiento; él recomendaba que si quieres se filósofo te dediques a escribir novelas. El señor Meursault, protagonista de la novela, es el propio escritor de su historia, y como tal, él decide cometer un crimen absurdo (Escúchese “Killing an arab”, canción de The Cure inspirada en este incidente en particular). Al igual que Josef K. en “El proceso” (1925) –obra de Franz Kafka–, Meursault no presenta resistencia alguna durante el juicio. Ambos personajes son completamente indiferentes a la vida, la condena a muerte no les despierta ni el más leve gesto: ni desesperación ni júbilo, sólo apatía.

Lo curioso de esta adscripción automática que se le hizo con el existencialismo, fue que Camus siempre negó ser existencialista. El escritor prefería llamarse a sí mismo “absurdista” (aunque más tarde también le disgustó esta etiqueta), pues resaltaba que la existencia humana no tiene sentido, por lo que buscarlo es inútil; he ahí lo absurdo.

En su faceta política, se unió en 1934 al Partido Comunista, en respuesta al ascenso del fascismo en Europa, pero fue eventualmente expulsado por su apoyo al nacionalismo argelino. Ya en 1941, después de la invasión nazi a Francia, Camus se unió a la “Resistance” y escribió para el periódico clandestino “Combat”. Su nombre de guerra era “Beauchard”.

No encuentro mejor manera para terminar este artículo que citar el inicio de su obra maestra, donde se resume todo lo dicho anteriormente sobre Albert Camus: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.”